¿Cuánto te odias a ti mismo?

Deja que te contemos una historia.

Cuando Joanne Rowling completó su primera novela estaba sin empleo y vivía de los subsidios del gobierno escocés. Solía escribir en los cafés para escapar de su frío apartamento en Edimburgo, que no tenía calefacción. Usaba una vieja máquina de escribir y lo hacía a ratos, cada vez que conseguía que su hija se durmiera. Acababa de padecer una depresión clínica e incluso alguna vez se le había pasado por la cabeza la idea de suicidarse, pero el rostro dulce de su bebé era como un bálsamo, y la mantuvo a salvo atada a un hilo de esperanza.

Cuando terminó el primer libro de Harry Potter, doce editoriales rechazaron el manuscrito, hasta que una pequeña empresa londinense se hizo cargo de la impresión y la distribución. La vida de Rowling estaba a punto de dar un giro de 180º que terminaría por catapultarla como una de las escritoras más exitosas de todos los tiempos. Hoy, la saga de Harry Potter ha superado los quinientos millones de ejemplares vendidos, convirtiendo a Rowling en la duodécima mujer más rica del Reino Unido y en una de las celebridades más poderosas según la revista Forbes.

No es casualidad que te contemos esta historia, porque hoy queremos hablarte del éxito, del fracaso, y de cómo solemos tratarnos a nosotros mismos. Este es un artículo para invitarte a reflexionar sobre tu propio discurso interior, sobre tu narración dominante, sobre qué sueles decirte cuando triunfas y, sobre todo, cuando fracasas.

¿Estás preparado?

La infancia

De pequeños nos educan para tratar a la gente bien y para mostrar respeto. Nos inculcan unos valores y, de alguna manera, nos enseñan cómo nos tenemos que comportar en sociedad. Pero hay una parte importante de la que nos suelen hablar poco o nada, y es cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Lee con atención esta frase:

«Como tú te trates a ti mismo va a determinar cuando un fracaso es un bache o una tumba».

¿Y sabes por qué?

Porque el error tiene dos caras: una terrible e hiriente y otra relacionada con el desarrollo y el aprendizaje.

Piénsalo.

Si ante la mayor metedura de pata de tu vida haces una reflexión profunda sobre el origen del error, estarás dando un gran paso hacia tu propia transformación como persona. En primer lugar, porque sabrás dónde no tropezar la próxima vez. Pero también porque, inevitablemente, serás más sabio y más fuerte.

Solo cuando somos conscientes de nuestros errores podemos mejorarlos. Sin embargo, tendemos a ser muy duros con nosotros mismos. Y en este terreno nos queda mucho por aprender y avanzar.

El éxito

Una persona que tiene éxito, normalmente, es un fracasado que ha sabido tirar hacia adelante. Porque la caída no es el error, si no quedarte donde te caíste. Y no sé tú, pero nosotros conocemos a muy poca gente que haya tenido éxito a la primera…

Entonces, ¿por qué solemos tragarnos la idea de que vida en general y el emprendimiento en particular son caminos de rosas por los que pasear a lomos de un alucinante unicornio dorado? ¿No será que nos estamos exigiendo demasiado a nosotros mismos?

La gente exitosa tiene una gran capacidad de resiliencia y de superación. Fin. Y esto es algo en lo que tenemos que trabajar todos hasta encontrar el equilibrio. Es decir, hay que balancear el ser cariñoso contigo y realista por otro lado, para entender en qué te has equivocado y no tropezar con la misma piedra, pero sin crucificarte por haberlo hecho mal. El que no consigue nada es el que no lo intenta.

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La cultura

Hay países, como Estados Unidos, en los que una persona que emprende y fracasa es una persona de admirar por su valentía. En España, sin embargo, tendemos a señalar a quien se ha equivocado, a decir «te lo dije» y a escuchar aquello de «mejor no lo hagas» con una frecuencia que es alucinante.

No es de extrañar, por tanto, que más del setenta por ciento de los jóvenes en nuestro país aspire a ser funcionario. El discurso dominante es un monstruo que se apodera de las mentes brillantes con sus tenaces dedos, haciéndonos dudar de nuestro talento y de nuestra propia capacidad de superación.

Además, al margen de ese narración dominante, muy probablemente vivas rodeado de más personas grises de las que te gustaría. Échale un ojo a este artículo para comprobarlo.

La ruptura

Salir de esta rueda eterna del castigarte a ti mismo no es fácil. Como hemos visto, hay muchas voces que vienen resonando en contra desde que eras bien pequeño. Pero empezar a celebrar tus pequeños logros puede ser un primer paso para cuidarte como te mereces.

Tus conquistas económicas, emocionales, profesionales o personales están ahí. Abre bien los ojos. Llevas demasiado tiempo exigiéndote y ha llegado el momento de soltar el pie del acelerador y pararte a contemplar lo que has conseguido, por pequeño que sea. No se trata, obviamente, de sobrevalorarte a partir de ahora y de considerar que todo está bien. De esa manera estarías cavando tu propia tumba.

Pero hazte esta pregunta: ¿Eres tu amigo?

Piensa si te tratas a ti mismo con respeto o si más bien te maltratas, porque ahí está la clave de la que todo parte. Y recuerda la historia de Joanne Rowling. Se odió hasta el punto de pensar en quitarse la vida, pero su hija le ayudó a continuar. Superó sus fracasos, huyó del frío y siguió escribiendo a pesar de las constantes negativas.

¿Acaso no tienes tú también un motivo poderoso para continuar?

Pablo Sántxez
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